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sábado, 11 de septiembre de 2010

Santiago de Chile, 1973:
Derrocamiento de Salvador Allende y de la Democracia en Chile

Salvador Allende y Pablo Neruda
Mártires de Septiembre de 1973 en Chile

Salvador Allende, primer presidente marxista en el mundo que accedió democráticamente al poder, mediante la unión de diversos partidos de izquierda que confluyeron en la llamada Unidad Popular. El año 1970 fue una contundente victoria en el plano político para la izquierda chilena, en la búsqueda del candidato presidencial para Unidad Popular, se encontraron en la escena dos Titanes: por el Partido Comunista, el poeta y diplomático Neptalí Reyes (Pablo Neruda) y por el Partido Socialista, el Médico y ya en tres oportunidades candidato presidencial Salvador Allende, este último terminó siendo el abanderado de Unidad Popular, logrando ser electo presidente. Pablo Neruda es designado por el Gobierno Popular como Embajador en Francia, en 1971, el Compañero Poeta (Pablo Neruda) recibe el Premio Nobel de Literatura, a propósito de ello, el Compañero Presidente (Salvador Allende) escribiría:

"Estimados compatriotas: el Premio Nobel de Literatura ha sido otorgado a un chileno, a Pablo Neruda. Este galardón, que incorpora a la inmortalidad a un hombre nuestro, es la victoria de Chile y de su pueblo, además de América Latina".
"Esta extraordinaria y significativa distinción pudo y debió haberla alcanzado Neruda hace años, esto sin detrimento de la obra o el mérito literario de los que lo obtuvieron".
"Sin embargo, en este instante es para nosotros también una obligación, junto con destacar que Chile es tierra de poetas, traer hasta nosotros el recuerdo de esa mujer que alcanzara también el Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, señalar que en el trasfondo de la obra de ambos hay un profundo contenido humano y social".
"Neruda, un humanista esclarecido que ha narrado con belleza la inquietud del hombre ante la existencia; por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, sus montañas, sus nieves eterna y tórridos desiertos, pero por sobre todas las cosas, está el hombre y la mujer y por esto está presente el amor y la lucha social."
"Reitero que es para nosotros la distinción otorgada a Neruda, la distinción que alcanza a Chile, a todos los chilenos. Es indiscutiblemente un sentido nacional y patriótico justo el que en este instante expresa por mi intermedio, su satisfacción".
Carta del Presidente Allende al concederse a Neruda el Nóbel de Literatura en 1970.

La última aparición de Pablo Neruda en público fue el 5 de diciembre de 1972, cuando el pueblo chileno homenajeó al Compañero Poeta en el Estadio Nacional. En febrero del fatídico año de 1973, renuncia el Poeta a su cargo diplomático a causa de la grave enfermedad que lo llevaría a la tumba, la tumba también aguardaba al Compañero Presidente, quien el 11 de septiembre, a las 7:15 de la mañana aborda su Fiat 125, rumbo hacia el Palacio de la Moneda, llegando veinte minutos después. Paralelamente, llegó a esa hora el General Pinochet al Comando de Comunicaciones, un poco retrasado, su misión: destruir la democracia en Chile; para ello se emitió un comunicado militar por las radios Minería y Agricultura, en el mismo se especificaba que el presidente democráticamente electo, debía hacer entrega inmediata de su cargo a una Junta de Gobierno conformada por los Jefes Supremos de las Fuerzas Armadas, si no era desalojada a las 11:00 La Moneda (palacio presidencial), sería atacada por tierra y por aire.
Siendo las 10:15 de la mañana, el Compañero Presidente habla por última vez a su país con estas palabras:

 
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"Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron.
Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares... al almirante Merino... ... El general Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.
Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. Es este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señaló Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctima del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena conquistar el poder para seguir defendiendo sus granujerías y sus privilegios. Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra: a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de su preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días están trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas de una sociedad capitalista.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha; me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder... La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa: me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición."

Al caer la noche en Santiago de Chile, las tinieblas se apoderarían del país: La Unidad Popular y su presidente habían muerto, iniciándose una larga pesadilla llamada Augusto Pinochet. Los restos del Compañero Presidente fueron enterrados en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, sin una placa que lo identificara, en una discreta ceremonia a la que solo pudieron asistir Hortensia Bussi, Laura Allende y dos sobrinos del presidente, Patricio y Jaime Grove. No fue sino hasta el 4 de septiembre de 1990, que recibió un nuevo funeral con los honores de Estado que le correspondían como ex mandatario.
En su “Canción para los Valientes”, Alí Primera dice: “No canta Pablo Neruda los versos del general, porque era mucho poeta para ver morir a su pueblo y sobrevivir al hecho”. El 23 de septiembre, Pablo Neruda muere debido a un cáncer de próstata, nada más le quedaba al Poeta, tras el golpe contra Allende su casa de Santiago había sido saqueada y sus libros incendiados. Su funeral fue realizado en el Cementerio General, rodeado de soldados armados de ametralladoras. Isabel Allende reseña en su novela “La Casa de los Espíritus” que en las exequias de Neruda, el pueblo gritaba a grandes voces:

“Compañero Poeta Presente, Ahora y Siempre”
“Compañero Presidente Presente, Ahora y Siempre”.

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